domingo, 17 de febrero de 2013

JAMÁS VUELVO A TOMAR LO QUE YA DI



                    En el verano íbamos a pasar las vacaciones al campo.  Teníamos una casita muy pequeña en la cual todos estábamos muy cómodos,  porque además de los boxes para los caballos, también había gansos, gallinas y pavos, todos estos últimos pertenecientes a la producción propia del casero, Don Eufemio.

Yo particularmente me sentía muy bien en esa finca,  porque se parecía notablemente a uno de los dibujos de mi primer libro de lectura, escrito por Constancio Vigil, el cual yo lo llevaba de un lado para otro.

Mi familia constaba de mi madre, mi padre y nuestro enorme pastor blanco, Lobo.

Lobo era como un hermano para mí, de hecho mi hermano mayor, porque nació seis meses antes que yo.

Un día de esos veranos, donde una tibia brisa traía el perfume de los tilos, después de cenar,  todos  comimos sandía.

Mi madre, posiblemente para estar un poco a solas con mi padre,  me dijo: Santi,  ¿porque no llevas esas cáscaras de sandía a las gallinas?

Esta sugerencia no me gustó mucho,  porque ya había oscurecido un poco,  aunque me sedujo la idea de ver el campo iluminado por miles de luciérnagas.

Para disgusto de mi madre, hice el trámite muy rápido, por lo cual, al volver me preguntó: ¿ya le diste las cáscaras de sandía a las gallinas?

No, a las gallinas no, se las di a Lobo, ¡se las puse en la puerta de su cucha!

Pero Santi, ¿cómo se te ocurre darle sandía a un perro? ¡Ve, llévale las cáscaras a las gallinas y no seas torpe!- replicó enérgicamente mi madre.

Cuando me acercaba a la cucha de Lobo, vi que por suerte las cáscaras permanecían intactas, mientras él las olía con resignación.

No lo pensé dos veces; empecé a  tomar las cáscaras cuando…  ZAS!!! ,  la enorme boca de Lobo atrapó mi hombro derecho como una enorme tenaza, comprimiéndome el pecho contra la espalda.

Nunca hubiera creído semejante reacción de Lobo, mas que perro, hermano.

Ahí fue donde aprendí para siempre que jamás hay que sacarle la comida a ningún animal, ¡aunque éste no la vaya a comer nunca!

De hecho,  Lobo se cuidó de no hacerme daño; dejó tan solo una débil huella de sus dientes en mi piel, porque de haber respondido a sus instintos ancestrales, me hubiera arrancado la mitad de mi cuerpo de una sola dentellada.

Este episodio lo recuerdo muy bien, no por los colmillos de Lobo, sino por la brutal manera que mi padre reprimió la natural conducta del perro.

Por eso,  si hoy en día entrego algo con amor, afecto, alegría, no importa que me haya equivocado, jamás vuelvo a tomar lo que ya di.

Santiago, escrito el 9/7/2009, publicado en febrero de 2013

miércoles, 13 de febrero de 2013

EL VOTO A LOS 16 Y UNA IDEA LOCA


                                             
                Hace poco tiempo,  el actual gobierno lanzó la idea de instalar el voto a los 16 años, iniciativa que fue aprobada por El Parlamento. En su momento,  el tema dio que  hablar y gracias a la generosidad de Clarín*, tuve la oportunidad de  hacer pública mi opinión.
Pero hay iniciativas que actúan como disparadoras de otras, aunque en este caso, debo confesar que siento cierto rubor,  pues la que propondré,  podría ser un poco disparatada; digamos… loca. 
En consecuencia,  la doy a conocer,  con la esperanza de que algún funcionario o legislador, ya sea perteneciente al gobierno o a la oposición,  la racionalice y la haga posible  en la práctica, para el bien común en nuestra República Argentina.
La propuesta,  en su versión más modesta, sería que los jóvenes que hayan tenido buen  promedio en el secundario, sean becados por el Estado Nacional, para que hagan una pasantía muy corta en las capitales de los más exitosos países del mundo.
 Bajo un rigurosísimo programa educativo y en contacto directo con el exterior, los jóvenes entrevistarían a sindicalistas, docentes de todos los niveles, responsables de la seguridad pública, asociaciones de consumidores, prestadores estatales de servicios de salud, transporte,  tratamiento de residuos  y todo lo que tenga que ver con el interés cívico, de manera tal,  que este curso pueda incorporar en la inteligencia de estos ciudadanos,  elementos comparativos esenciales para mejorar, no solo su propia cultura, sino que inconscientemente aplicarían  los conocimientos adquiridos en esta inolvidable experiencia,  al mejoramiento de la calidad de vida de todos los argentinos.
Educar al Soberano;  de esto se trata y educando a los jóvenes,  con el tiempo, los adultos terminarán siendo educados y ya no tendría importancia debatir quien vota,  ni a qué edad se vota,  ni cómo se vota.
Santiago, febrero de 2013
*Diario Clarín, 6 de enero de 2013, Lectores, Cartas al País.

lunes, 28 de enero de 2013

NO HAY MUCHA GENTE IGUAL





                                   
                               La mañana es testigo de gente apurada que va a sus empleos, sin tiempo para la observación, pero para otros como yo, que a diario disfrutamos del parque Las Heras, tenemos la oportunidad de ver dentro de este paisaje a una señora, cuya tarea de voluntaria, es la de levantar papeles, botellas y otros objetos abandonados por los transeúntes y displicentes usuarios del parque.
Cada vez que la veía, me preguntaba porque esta señora lo estaría haciendo, cuál sería su motivación para realizar esta tarea comunitaria, ¿acaso le debe algo a la sociedad o tiene algún síndrome particular?
Una y otra vez la miré con atención, hasta que mi curiosidad pudo más que mi prudencia y me acerqué a ella diciéndole, ¡buen día!
Una serena sonrisa, bastó para darme ánimo y seguir con las preguntas. Vea señora, yo en mi próxima vida quisiera ser periodista y ahora que soy jubilado estoy practicando, de manera tal, de estar mejor preparado para cuando tenga esa nueva oportunidad  ¿no querrá usted que le haga una entrevista?
Sí, encantada - me respondió-me llamo Julia Suárez y vivo allí en donde está ese balcón con plantitas, mientras me señalaba con el dedo la ubicación de su departamento.
Vea-me dijo-esto para mí es muy gratificante. Hacer algo en favor de la comunidad me da felicidad, es decir, en realidad recibo cuando doy.
Por otro lado, como educadora me gusta sembrar  y esto en la práctica significa impartir cultura y no hay como el ejemplo y las acciones concretas para cambiar los hábitos de la gente. Es muy posible que haya personas, que viendo lo que hago, de ahora en adelante, usen el cesto de los desperdicios.
Por favor, cuénteme algo de su vida.
Soy licenciada en Ciencias de la Educación y era titular de la cátedra Observación, Práctica y Resiliencia  para docentes; ahora estoy jubilada  y tengo tres hijos, uno de ellos en el exterior.
Mientras escuchaba su historia y me fascinaba la finura de sus modales, vi en su madurez  una  eterna juventud y una serenidad asiática envidiable.
Nos despedimos y ahora cada vez que giro alrededor del parque, sin interrumpir mi marcha aeróbica, tengo con quién compartir un saludo y una sonrisa…  y eso también es maravilloso. Santiago

martes, 1 de enero de 2013

VOLVER AL ORIGEN


                          
                        ver el mar disipando su endiablada energía contra las rocas, es una sensación que habrán vivido millones de seres a través de toda la existencia del hombre; pero para el que vive esta experiencia como algo personal,  no es válido el argumento de que un hecho, simplemente por pasarle a todos, es banal, vulgar o pasajero.
 Para un espectador contemplativo, sin lugar a duda, es algo singular, único e irrepetible.
Mientras que la ola, desairada,  comprendía que no le era posible mover la roca, veía como ésta, en un ataque de rebeldía,  recuperaba casi  toda la energía que había cedido  y con ella se proyectaba hacia arriba, como buscando al cielo, desafiando a la gravedad que la había tenido aprisionada en el inmenso mar.
Después que los cristales de mis anteojos salpicados de humedad nublaran mi visión, concentré la atención en esa pequeña cantidad de agua que abandona el océano.
También pensé en esa inmensidad turquesa y ésta se me presentó como la imagen de la humanidad toda, donde cada partícula, cada molécula con sabor a lágrima,  representa un alma.
Vi entonces, en esta similitud, como algunas de estas gotas,  elegidas entre tantas de lo infinito, iban abandonado su comunidad para disiparse en el espacio.
Pero tal como sucede con el agua, tarde o temprano éstas volverán al mar, y yo, siendo un agnóstico vacilante, debí admitir que tendría el mismo destino: volver al origen.
Santiago,  diciembre 2012

domingo, 16 de diciembre de 2012

DIME QUE VES EN LO QUE MIRAS Y TE DIRÉ COMO SIENTE TU CORAZÓN





                                         Algunos de mis cuentos, casi todos, contienen frases superfluas,  de esas que pueden eliminarse sin que pierda sentido el contenido del mensaje y esa depuración  debo hacerla cuando eventualmente  escribo para algún periódico,  obligado a un texto acotado en su extensión.
Pero las palabras y las frases accesorias son importantísimas, porque no solo tienen el propósito de dar belleza al escrito, sino  acariciar la lectura.
En realidad, todos los artistas usan sus habilidades para decorar  sus obras y esto es una  práctica ancestral, pero cuidado; en la literatura,  sobretodo en la cuentista, a veces este recurso puede ser un tramposo artilugio para distraer al lector de lo esencial…
Cuando publico mis cuentos, es posible que muchos lectores piensen que sea yo, el que busca el protagonismo del escenario, pero en realidad sucede todo lo contrario; soy yo el que busca conocer el corazón de cada lector, por la manera en que interpreta mis cuentos, por la manera en que sabe descubrir lo esencial de lo superfluo, por la causa que lo hace sentir conmovido o inmutado. Todos  responden, con su comentario o con su silencio y mi tarea  después de escribir algo, es descubrir en cada persona su propia visión de lo que leyó.
Es ahí cuando entro en trance emocional, penetrando en el pensamiento de cada lector, porque a mi manera de entender,  la gente es  como sintetiza  lo que lee. Es, cómo interpreta lo que escucha. Es,  lo que ve cuando mira.

En definitiva, es, lo que siente su corazón.
Santiago, diciembre de 2012




lunes, 3 de diciembre de 2012

VIOLENCIA DE GÉNERO





                                A veces siento pesar cuando los medios de comunicación, los políticos y hasta algunas organizaciones civiles, por su uso reiterado, imponen  palabras para modificar la opinión, la cultura y hasta la intención de voto de los ciudadanos.
La palabra que hoy me ocupa es género.
No voy a repetir lo que dice el diccionario de la Real Academia, ni la gramática castellana,  ni su supuesta  etimología proveniente del inglés “gender”.
 Solo quiero poner en evidencia,  lo que al ciudadano común podría pasarle desapercibido; cualquiera de nosotros cuando recibimos de los medios de comunicación noticias referidas a la “violencia de género”, pensamos que se trata de violencia contra la mujer, sin saber que en realidad la noticia se refiere a “violencia contra la mujer, la comunidad homosexual y otras”. Es decir el vocablo encierra varios conceptos, varias comunidades y varios roles, que algunos sociólogos de avanzada,  tratan de explicar con confusa retórica.
No estoy haciendo un juicio de valor ni estoy catalogando a la comunidad homosexual, que ha ganado en nuestra sociedad un indiscutible sitio de privilegio. 
Lo que quiero destacar,  es que a la mujer se la está omitiendo en su legítima palabra y hasta con el tiempo pueda ser que se la borre del diccionario por falta de uso;  por convertirse en anticuada.
Imaginen ustedes que diría Agustín Lara, si a su canción le cambiaran el título ”Mujer “ por “Género”! , o  cuando Pavarotti canta “Donna non vidi mai…” en Manon Lescaut , le cambiáramos Donna por la palabra genere !  Sin lugar a dudas estas palabras no son equivalentes a mujer y si se usa la que se quiere imponer, “por algo será”.
Omitir la palabra mujer por parte de algunas organizaciones civiles o desde algunos medios que dicen defender los derechos de la mujer, es de difícil entendimiento.
Más aún, es incomprensible que estos medios, por ignorancia, omisión o segunda intención, lejos de referirse a “violencia contra el  niño”, “violencia contra los ancianos”, “violencia contra la mujer”  y en general “violencia contra el más débil”, se ocupen con especial dedicación a la “violencia de género”.
Es por eso, que cuando escucho alguna noticia vinculada a la mujer, me gustaría se la redacte llamándola por el nombre que dedica nuestro idioma al ser que nos engendró a todos en su  vientre: Mujer.
Santiago, diciembre de 2012

domingo, 25 de noviembre de 2012

AVENTURA EN EL COSMOS



 1.-
                                Un escalofrío invadió mi cuerpo y a pesar que no sabía donde me encontraba, intuía que había llegado a otro mundo, a una galaxia lejana.
Recuerdo que en ese momento me sentía distinto, totalmente confuso y mientras rompía en llanto, una mano tomó la mía y apretándomela contra su pecho me dijo: hijo mío, no sientas temor, yo estoy aquí para guiarte y señalarte el camino.
Estaba totalmente desorientado y no sospechaba que deambulaba en un escenario cósmico muy regulado y totalmente diferente del cual provenía.
Después de un tiempo, me di cuenta, que aquellos que visitan este enorme cuerpo localizado en el Brazo de Orión, en la mismísima Vía Láctea, no tienen opción de negociar nada con nadie.
Todo está dictatorialmente escrito por aquellos conquistadores ancestrales, quizá, los mismos que lo hubieron construido; en él, las reglas se toman, pero no pueden ignorarse, so pena de ser reprimido severamente, porque, en este mundo, no existe la piedad.
2.-
A decir verdad, poco es lo que podía pensar y mucho menos razonar, porque en ese momento lo primordial era sobrevivir, pero otros temas me distraerían de ese objetivo cuando comencé a tener síntomas extraños e inexplicables, y tal como estaba establecido y a pesar de haber estado solamente un instante como residente, debí soportar una de las más inexorables penurias a lo cual están sometidos todos los seres vivientes: el síndrome de la necesidad.
Este síndrome, lo comencé a conocer durante mi recepción, cuando me obligaron a aspirar mi primera bocanada de oxígeno; es cuando, sin duda comprendí, que a partir de ese momento, estaba esclavizado para siempre de esa necesidad y de tantas otras que llegarían inmediatamente después.
Las necesidades, están tan arraigadas en la naturaleza de estos individuos, que no solo deben cumplir con aquellas elementales que impone su propia existencia, sino que, ellos de una manera adictiva, van creando ingentes cantidades de nuevos modos de carencias, ahogándose en un verdadero delirio de consumo.
Naturalmente, no faltaron pensadores que buscando una explicación a esta conducta, atribuyeron esta pena innata a la herencia dejada por el primer par de habitantes de este suelo, al parecer, debido a un comportamiento pecaminoso entre ellos.
Dejando de lado interpretaciones místicas, nadie puede dejar de utilizar este enorme inventario de cosas y tal como lo verificara en el transcurso del tiempo, el síndrome de la necesidad tiene características ambivalentes, porque, no solo es el motor de la evolución de todos sus habitantes, sino que también, participa de su autodestrucción.
A pesar de la rigidez de los reglamentos, me esperaban con grandes festejos, como si yo fuese un príncipe, un esperado príncipe para aquellos extraños seres que lo habitan.
Tanto insistían con los homenajes y regalos, que me convencieron que verdaderamente era un ser extraordinario, pero a través del tiempo vi, como estos agasajos fueron decayendo hasta ser ignorado por completo.
Dado que hasta ese momento yo no conocía el comportamiento social de recibir a los recién llegados de esta manera, con frustración he debido aceptar la indiferencia de todos, excepto, pocos individuos, que no se porqué, continuaban mirándome como un verdadero príncipe.
3.-
A partir del primer instante de mi llegada, me sentí envuelto en un medio liviano y descubrí que podía mover mis extremidades con facilidad, por lo cual me atreví a recorrer ese terreno desconocido, donde una fuerza inexplicable me apretaba contra la superficie del suelo.
Eso me angustiaba mucho, pero después que me adapté a esa realidad, la justifiqué, pensando que ese mecanismo, lo habrían hecho deliberadamente con el objeto de impedir que sus habitantes, haciendo un salto accidental, por pequeño que éste fuese, se lanzasen involuntariamente al espacio interestelar.
Mas aún, estas reflexiones llegaron al punto de sentirme estupefacto, cuando también comprendí, que por esta misteriosa fuerza, todos los átomos de mi cuerpo estaban predestinados a permanecer eternamente en esta enorme masa estelar.
4.-
Un buen día, me llevaron a una habitación donde se podían ver las paredes decoradas con dibujos de flores, mariposas y cervatillos sobre un fondo azul, razón por lo cual, a ese lugar lo llamaban “la salita azul”.
Ese primer día fue muy traumático, porque creía que me abandonaban y jamás podría ver a mi hada buena, sin embargo, me reconforté cuando observé que no estaba solo en ese lugar, ya que había muchas criaturas como yo.
Esta situación me llevó a un nuevo aprendizaje y a una gran revelación; estar en comunidad es realmente reconfortante, pero, después de haber creído que era el único príncipe que existiera, me sentí confundido viendo a otros en igualdad, por lo cual, me resistía a aceptar la idea de que yo era uno más, pero, a pesar de este conflicto, por primera vez, descubría lo maravilloso que es tener amigos.
Volviendo al primer día, nunca olvidaré cuando me vinieron a buscar; no se cansaban de iluminarme con destellos que salían de un pequeño aparatito que acercaban a sus ojos.
El tiempo pasaba y finalmente también este período terminó. Ya me lo habían anticipado; había en el futuro otro reto que cumplir y esto volvía a inquietarme.
Entonces, con ingenuidad me pregunté: ¿Y después de esto, que me pasará?
No imaginaba que esta pregunta me la haría toda la vida.
En esa época, ya había crecido lo suficiente y me imaginaba como un adulto, cuando en realidad era un pequeño entre esos jóvenes que a mi me parecían gente muy madura.
Recuerdo con detalles el día de ingreso a esta nueva obligación, porque me pusieron un delantal blanco y se despidieron de mí con mucha emoción.
Instintivamente me dirigí a un sendero, que al parecer estaba previsto para huéspedes como yo, donde se podía ver un pequeño cartel con una flecha y la imagen de una señora hablando a plena voz con una escuadra en una mano y un lápiz en la otra.
5.-
Al instante comprendí que ese sendero podría llevarme a un lugar donde se enseñan todos los símbolos que me permitirían aprender el código con el cual se entienden estos seres entre sí.
Llegando a un enorme patio, vi muchos chicos como yo y algunos adultos que los cuidaban; rápidamente me di cuenta que me miraban con curiosidad, pero lo más llamativo fue ver que todos, igual que yo, usaban guardapolvos blancos.
No era la primera vez que había visto seres con esta indumentaria, porque era precisamente la ropa de las criaturas que me habían recibido al llegar y hasta este momento imaginaba equivocadamente que esos vestidos eran los uniformes que llevaban los diplomáticos.
Admito que no fue para nada fácil entender a estos individuos, pero al poco tempo me sentí maravillado al ver aparatos con forma de ventana mostrando imágenes luminosas con sonido e información sobre cualquier tema del conocimiento existente en este cuerpo celeste.
6.-
Después me dirigieron a otro lugar, donde me decían que iría a estudiar otra vez lo mismo que antes, pero con mucha más profundidad.
Con ingenuidad me pregunté: ¿por qué se debe saber tanto para estar en este planeta?
Comenzaba de esta manera, un período muy difícil para mí.
La angustia del estudio compulsivo, las decenas de materias diferentes, una profesora detrás de la otra, los exámenes, todo esto me enloquecía y no me daba tiempo para escuchar rock and roll…
Recuerdo a una profesora de matemática que nos había dado el enunciado del teorema de Thales y que nos dijo: ¡a todos aquellos que lo resuelvan en esta hora de clase les pongo un 10 en la nota!
No se porqué, esto de demostrar la veracidad de cosas que parecen evidentes siempre me fascinaron y a pesar de haberme concentrado, ese día tuve tan solo la frustración del fracaso en la resolución de ese teorema.
Como consecuencia de esta experiencia, me sentí un negado en matemática, hasta que me enteré que los sabios necesitaron muchos siglos para resolverlo.
Fue cuando por primera vez, entendí que en el futuro, debía proteger mi vocación de ciertos docentes que podrían apagarla.
Hacer un barrilete y volarlo era para mí la más linda diversión y en este juego me convertí en un verdadero campeón; me pregunté porqué podían volar y de esa manera comenzaba a enamorarme de la física.
Volar es una cosa maravillosa, y no sabía que yo mismo lo haría en el último tramo de mi vida, cuando escribiera algunos cuentos.
7.-
Después de este ciclo, me convencieron que podría integrarme a su comunidad, pero para ello debería dominar alguna de las ciencias o artes que se practican en esta galaxia.
Fue en esta permanencia, donde comencé a tomar contacto con otros huéspedes, porque era costumbre en este enorme satélite estelar integrarlos en grupos de similar vocación profesional.
Precisamente en este periodo, tuve una de las experiencias más emocionantes, porque en este lugar tuve un encuentro con otro ser, que como yo, exploraba este planeta.
Estaba al lado mío, sentada en la bellísima grada de un recinto llamado “Aula Magna”, donde mirando al frente se veía dos enormes tableros verdes, uno arriba, cerca del cielorraso y el otro inmediatamente debajo del primero, los cuales, podían intercambiar sus posiciones por medio de un dispositivo mecánico.
Tal como lo vería después, estos dos enormes paneles, eran usados por los catedráticos para escribir todo aquello que van explicando, utilizando para ello una pequeña piedra blanca y un fieltro pegado a un pedazo de madera para borrar y hacer lugar para tantas fórmulas...
Mirando hacía la derecha, se distinguía un podio de roble esculpido con figuras alegóricas. Más adelante, también, había un enorme estrado con tres sillas tapizadas en cuero que contribuían a dar a este lugar una atmósfera de majestuosidad y respeto.
Inmediatamente llegó el Gran Maestro vistiendo una toga negra y sin trámite alguno tomó su puesto en el podio, mientras que con su mirada recorría todo el auditorio.
Se hizo un gran silencio mientras se esperaban las primeras palabras del anciano…
Comenzó diciendo:
Sin excepción y por esta única vez hablaré de Dios, porque acá, les enseñaremos a ser científicos y en consecuencia ustedes aprenderán como suceden las cosas.
Aquellos que quieran saber porqué suceden las cosas, están sentados en el lugar equivocado y por lo tanto los invito a abandonar sus asientos y dirigirse al Seminario Universal de Metafísica.
Ninguno se movió de sus puestos y después de un breve silencio el maestro continuó:
Deberán saber que Dios es la propia síntesis de la existencia, es el ente  omnipotente que esta en todas partes, no solo en este planeta, sino en todo el universo y todo el espacio interestelar esta absolutamente regido por Él.
Por el momento, decía mientras escribía en ese enorme tablero, nosotros le asignaremos un símbolo para identificarlo en las fórmulas matemáticas que vamos a desarrollar, pero, a partir de ahora, lo llamarán con reverencia por su nombre propio: esto es, El Tiempo (T) y siempre cuando nos refiramos a ÉL, debemos inclinarnos en señal de sumisión.
8.-
Terminada esta inolvidable lección y sin saberlo, estábamos saliendo yo y mi compañera de banco tomados de la mano. Esta fue la primera vez que tuve la sensación que mi cuerpo se quemaba y algo dentro de mi pecho se movía frenéticamente; comenzaba así, una relación que duraría casi cincuenta de los calendarios usados en este rincón del universo.
Las clases continuaron definiendo otros conceptos muy profundos y si bien estas definiciones surgen de bases científicas, los filósofos estuvieron muy interesados en éstas, llamándolas El Misterio de la Suprema Trilogía: Tiempo, Materia y Energía.
El Gran Maestro explicó con fórmulas matemáticas y ejemplos prácticos, que podría haber ausencia de materia o energía, pero nunca ausencia de El Tiempo, es decir, de Dios.
Después de muchos años que los científicos descubrieran que materia y energía son expresiones físicas que encierran el mismo concepto, ellos han logrado transformar la materia en energía, pero, todavía están luchando para hacerlo al revés, es decir, repetir el origen de toda la existencia material.
En uno de estos cursos, me espantó escuchar que en un par de ocasiones de su historia, esta transformación de materia en energía, pulverizó a millones de personas de este planeta.
9.-
La relación con mi compañera de banco tuvo maravillosas consecuencias, porque habíamos descubierto que éramos capaces de amar y procrear.
Estas propiedades, que para mi eran nuevas y desconocidas, no sabía que estaban escondidas en el interior de la programación a la que están sometidos todos los seres que pisan esta enorme esfera y que seguramente he debido aceptar durante el procedimiento de admisión.
Tratando de explicar estas cosas, llegué a la conclusión, que todas las especies autónomas que habitan en este suelo, nacen con el único objetivo de trasmitir su ingeniería a sus descendientes, como si este código conocido en esta parte de la galaxia como ADN fuese el actor más relevante del sistema, siendo poco importante su portador.
Este código, al parecer, es el único ente que perdura, en contraposición a quien lo lleva, que es de vida efímera, aunque, se sabe perfectamente que este diseño escrito en lenguaje de programación bioquímico, cambia lentamente con las actualizaciones que impone El Tiempo.
10.-
Toda esta historia, conduce a que, para la Administración Social, cualquier ser, en el contexto colectivo, tiene una importancia menor y el que quiere seguir viviendo debe pagar una contribución, haya o no transmitido la información contenida en ese bendito ácido desoxirribonucleico (ADN).
Este aporte obligatorio, se puede realizar en varios campos; el mar, la selva, el desierto, los hielos eternos, la estepa, la urbe o en alguna estación espacial.
Cada uno elige el escenario donde cumplir con esta obligación pública y yo, quizás porque provenía de un medio acuoso, elegí el mar, de modo que, casi sin saberlo me alejé de la costa hacía un horizonte que nunca pude alcanzar.
La nave donde cada uno se embarca no es un don, es necesaria construirla al mismo tiempo que se navega y en estas condiciones la travesía no es cosa fácil.
Entre remada y remada, es necesario ensamblar uno a uno los pedazos de una barca que lentamente se va agrandando, hasta que llega el día en que la Administración Social nos ordena amarrar en el puerto de origen.
Después de recorrer un par de mares, una repentina oscuridad acompañada de vientos huracanados, me hizo sentir temor de naufragio.
Las olas hacían un ruido ensordecedor al chocar contra el casco y el agua inundaba toda la nave.
Mis tripulantes, que no eran otros que mi compañera de banco y la prole, se agarraban fuertemente del palo mayor para no caerse al mar.
Finalmente, la tormenta cesó y la calma retornó a la barca. Esta fue la peor tempestad que hemos tenido, simplemente porque fue la primera.
Después de este gran susto, hemos soportado muchos reveses, pero El Tiempo nos ayudaría a afrontarlos y saber como sobrevivir a las adversidades.
Después de una larga navegación y luchar muchas veces contra el enfurecido clima y las feroces criaturas del mar y tal como había dicho, llega el momento donde la Administración Social nos obliga a echar anclas en el puerto donde habíamos partido por primera vez.
A menudo esto sucede cuando la nave comienza a hacerse demasiado grande y nosotros dos, nos fuimos a descansar a un lugar más tranquilo, en un suelo más firme y seguro.
Dije nosotros dos, porque la prole, nos dejó para repetir el proceso de la procreación, en el mismo modo que lo hacen todos los seres de este cuerpo celeste.
Para nosotros, comenzó la etapa de mayor tranquilidad, sin las preocupaciones de la contribución pública y la competitividad.
Eran tiempos de serenidad y me sentía como un príncipe, igual como si yo fuese un recién llegado, pero ahora, con más sabiduría.
Pero, aquí hay cosas que no se hablan o se hablan poco, porque todo el mundo huye a los grandes cambios; es el momento en el cual El Tiempo cancela permisos de permanencia y obliga a los huéspedes retornar a su lugar de origen.
11.-
En realidad, esto lo pude comprobar por mi mismo, cuando El Tiempo, duramente, empujó fuera del planeta a mi compañera de ruta.
La soledad es cosa más profunda que estar solo y en este punto de mi existencia, perdía aquello que más quería y como pasa siempre, en el momento que más la necesitaba.
Para mi, había llegado la ocasión de las grandes reflexiones, porque en este enorme satélite, todos aquellos que han cumplido con el ciclo competitivo, ahora entran en la recesión productiva; es el período de la espiritualidad, de las artes, de la meditación, la amistad y todo aquello que se puede hacer cuando no existe la obligación de producir y demostrar las habilidades adquiridas.
Cierto día, en una de las largas caminatas por las calles de mi ciudad, recorriendo sus senderos plenos de árboles en flor, sentí que un escalofrío se instalaba en mi cuerpo.
Ese escalofrío ya lo conocía, porque ya lo había sentido cuando entré en este mundo y nuevamente vuelvo a sentirlo, pero con una gran diferencia; ahora veía que el síndrome de la necesidad se iba, sintiéndome libre de esa atroz carga.
Con serenidad, me di cuenta que estaba otra vez de viaje, en viaje a mi lugar de origen.
12.-
Repentinamente, una neblina me envolvió totalmente y mientras poco a poco ésta se disipaba, comencé a ver rostros, rostros de gente conocida que me miraban atónitos, pero había una que abriéndose paso entre la muchedumbre se acerca y me dice:
¿Hijo mío, tu aquí? - ¿donde has estado? --
--Yo abrazándola le dije; -- ¡Madre!- ¡Estuve en un planeta del sistema solar, viviendo una gran aventura, la aventura de la vida!

Dedicado a dos mujeres.